Encontré, entre sus ropas, este último poema que Jana me escribió y que lamentablemente no me lo pudo enviar.
Hija, se que me estas escuchando. Aunque ya sea tarde para decírtelo te perdono y quiero que sepas que siempre te apoyé en todas tu decisiones.
Te amo
Querida mamá:
Únicamente puedo decirte lo siguiente: un millón de gracias y, si es posible, te pido que me perdones. Tú sola comprenderás por qué no es necesario emplear aquí más palabras…
Con amor infinito,
tu hija.
Uno, dos, tres… Ocho pasos de largo,
dos de ancho…
La vida se cierne sobre mí como un interrogante.
Uno, dos, tres… Quizá otra semana,
O a fin de mes aún me encuentre aquí.
Mas tambaleando sobre mi cabeza: la nada.
Y ahora, en Julio, cumpliría 23…
He apostado a lo que más importaba.
El dado rodó. Perdí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario